Durante las últimas semanas una novela irrumpió en medio de la tranquilidad del verano y desvió el apacible rumbo de las páginas que me llevaban de un lado al otro del río Hudson, para embarcarme sin más en una frenética aventura por el mar Mediterráneo, en donde como por arte de magia revivieron resonancias de historias entrañalmente familiares, legado de Conrad, Melville, Kipling, o Pérez-Reverte. Y fue precisamente allí, en medio del sonido de las olas  y el penetrante olor a sal, donde conocí a Alex Riley, protagonista de la nueva novela del autor español Fernando Gamboa.

Si en ese instante el capitán Alex Riley hubiera tenido la menor idea de lo que le esperaba a él y a su tripulación en los días que estaban por venir, habría virado en redondo la nave y puesto los motores avante toda sin volver la vista atrás.

En la superficie, Capitán Riley nos presenta la historia de un marino estadounidense de origen gaditano, excombatiente del bando perdedor en la Guerra Civil Española, que reconvertido en contrabandista recorre de manera casi imperceptible el Mediterráneo, en plena ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, ganándose la vida traficando con toda clase de mercancías. Sin saber muy bien como, el capitán y la exigua y variopinta tripulación de su modesto barco, El pingarrón, se ven involucrados en una intrincada trama de espionaje, convirtiéndose en un escollo para una ambiciosa operación de los Nazis con la que esperan vencer a los aliados.

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